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Susurros al viento

Hoy hace 31 años

Hoy hace 31 años

Hoy hace treintaiun años que respiré por primera vez yo solita.

Una niña tranquila, en carnes y sonrosada, con mofletes vivos como el sol de la mañana...

La verdad es que deseaba pasar la noche de mis 30 años a mis 31 de forma diferente a como la tuve que pasar el año pasado: en cama sin poder andar.

Y vaya... no estuvo mal. Bailé, reí, me he insuflé de presente, prácticamente sin prejuicios... y más.

El objetivo de la salida nocturna estaba claro: pasármelo bien sin perder la cabeza. Me quedaba un día largo de celebraciones que con una resaca maja hubiese sido complicado pasar.

Ropa negra seductora, pinturas de guerra y mi mejor sonrisa. Empieza a emerger mi verdadero yo entre montones de ruinas que tenía ganas de liberar y que no sin esfuerzo conseguiré sacar a relucir pasito a pasito.

Y la noche no defraudó, aunque como siempre, podía haber ido mejor. La espinita punzante y machacona me perseguía. La declaración de la noche: si no soy de cautivar a alguien tal como voy, me retiro definitivamente del mercado, y a verlas venir.

No me puedo retirar del mercado porque para mi grata sorpresa, llamé la atención de alguien. No es necesario entrar en detalles, lo importante es que no era mi tipo a primera vista. Majete, pero no atrayante.

Ante tal resultado, no puedo cerrar a cal y canto el rincón de mis ilusiones. No puedo rendirme, sólo estar atenta hará que pueda observar con los ojos abiertos hacia mi alrededor. Cuantos días, cuantos meses, cuanto tiempo la llama de mi luz había dejado de quemar. He estado a oscuras, porque yo soplé con desesperación esa llama, para apaciguarla y poder lamerme las heridas, poder descubrirme, aprender a estar sola, a disfrutar de mi desatendida soledad, a no verla como un agujero negro, a vivir a mi antojo, con mis horas, mis salidas y mis más absoluta libertad.

Hoy hace 31 años que dos pequeños pies patalearon ante el temor de una deseperada vida, un llanto reventó la alegría del corazón de mi madre, y luché por vivir. Esa lucha que nunca acaba, sólo hasta que llega el momento preciso, el inicio del otro camino.

Pero no dejo de descubrir, a ratos distraida, a ratos sorprendida, la senda estrellada de mis días y mis noches, de mis trasnoches y mis derroches, pero a fin de cuentas, el aliento de mi conciencia viva.

Sí... 31...

 

 

 

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