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Susurros al viento

Hasta aquí

Hasta aquí.

Pierdo el aliento a cada llamada, con cada mensaje con el que declinas una y otra vez, entre sonrisas, todo lo que te ofrezco. Otro día, hoy no puedo. Siempre tropiezo con la misma respuesta.

Hasta aquí.

Una lengua magmática me recorre por dentro y lame y apaga todas mis ilusiones, mis ganas de conocer tus pliegos prudentes, mis ansias de liberarme de todas las capas de desconfianza y timidez que hacen que una y otra vez no sea yo misma cuando estoy contigo, que me aprietan y se aflojan a la voz de tu deseo.

A mi aire. No estoy acostumbrada a someterme a las citas, los tiempos, las horas de sueño, al ritmo de otro ajeno. Ese reloj me hace trastabillar... no necesito tu ritmo. Mi libertad palpita en las sienes y me cuestiona extrañada porqué tienes que ser tú y no otro.

Me columpio atontada en un interrogante desde que te conocí, y un viento cargado de dudas lo azota cuando te deslizas por mi mente. Me mareo, quiero bajar… Hasta aquí.   

Despierta. Temes. Amarse es un acto de fe, de dejarse caer sin miedo a que duela, del deleite de disfrutar unos brazos que calmen las prisas y desahagan los nudos dormidos. Y tú casi nunca estás. 

Magia, donde estás? No puedo más que sacudir el mantel de retales con el que recojo las migajas de momentos casuales que supones que me regalas. Deleita a otra con esos momentos, si es que sabes llenar sus días con tu presencia.

Cierro los ojos. Quizá otro tren pase y esa vez no me empujen los suspiros cansados al andén con él en marcha. Una lástima, pero es que no puedo dejar que mi deseo se estrangule, que mi boca amarga calle más palabras y me sangren los sentimientos recién descubiertos. No mientras no sea tarde.

Hasta aquí llego…

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