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Susurros al viento

Amantea

Amantea

 

Hace cosa de un año leí sobre un libro escrito por David F. Cantero, "Amantea", y me decidí a comprármelo. Una vez me lo hube leído,se lo presté a mi madre, pero hasta hoy no había podido volver a reelerlo un poco por encima.

Amantea nos describe una trama amorosa, dolorosa, donde el protagonista, a través de un libro a modo de diario donde desnuda su alma, nos hace partícipes de su dolor ante la pérdida de la persona a la que más amaba, de su tormento, su pena. Aunque reconozco que al final el autor parece que tiene prisa por acabar el libro y se queda algo flojo, la narrativa, la forma en que describe los sentimientos, la recuerdo preciosa, profunda, quizá a veces algo empalagosa, sí, pero es un libro donde sumergirse y en el que haces tuyo el sufrimiento amoroso del protagonista. Aquí van algunos fragmentos:

"De tanto mentirlas, las mentiras se tornan verdades. Terminan formando parte de nuestra realidad, engañándonos. Son nuestro entorno, nuestro más íntimo disfraz, más ciertas que todas las certezas. Las vamos incorporando a nuestra vida en voz baja, y quedadamente nos hablan, de cuando en cuando, recordándonos toda la falsedad que sustenta nuestra leyenda personal. Pero, al fin, eso son las novelas y los días: ficciones.

Fingimos amor, fingimos dolor y angustia, fingimos compasión, pero sobre todo fingimos cuando mentimos ser felices. En ocasiones nos invade una eufórica alegría, un optimismo que raya en lo ridículo, nos regocijamos en pequeños placeres y satisfacciones inconscientes que, a su vez, también nos mienten.

Es fácil estar triste, ser triste, dejar que la tristeza nos invada, que la agridulce melancolía llene unas horas, nos sacie; pero qué difícil es forzar la alegría, qué difícil sentirla verdadera, poderosa, invulnerable.

Nacemos del dolor, nuestra vida es dolor, jamás dejamos de sentirlo, y si llegamos a liberarnos por un instante de su lacra, en nuestro alborozo, su ausencia nos pasa inadvertida. La alegría se colma en sí misma, devorándose, y nos deja súbitamente hambrientos de ese gozo. Apenas somos capaces de recordar un instante feliz y cuando lo hacemos, nos asalta la duda de si ese recuerdo será cierto. Cada día de efímera felicidad tiene en su contra meses o años de lento e introvertido padecimiento. Tenemos la facultad de soportar dolor hasta límites casi insospechados, pero no la potestad de desterrarlo en el júbilo.(...)

Yo amaba. Amaba entonces incondicionalmente, amaba aunque no me amaran, como hacen los perros, amaba aunque me dieran patadas en el culo o me dejaran sin postre. Amaba hubiera risa o llanto, amaba con verdadero apego, con total entrega a la penuria de amar y ser amado, con absoluta necesidad. Amaba a cambio de nada, amaba por miedo y por amar. Amaba sin decir una palabra, casi sin un gesto, sin reconocer que amaba. Pensaba que mi amor era capaz de proteger, de espantar o despistar a la muerte. ¿Qué amo ahora? ¿a quién amar? ¿a mi padre?(...)

Es difícil recolectar granadas sin destrozarte las manos con las descomunales espinas que protegen las ramas. Lo mismo sucede con los recuerdos. La vida, como una granada que siempre intentamos desgranar, separando las límpidas golosinas rojas del áspero manto amarillo que las envuelve, aferrando con firmeza sus joyas. Queremos tomar sólo la dulce simiente escarlata, pero es imposible. Para saborear el fruto, como la existencia, hay que aceptar el contraste y el fastidio de su sabor agridulce."

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